martes, 11 de enero de 2011

Bienvenido Mistel Malsal

La pasada semana nos visitó el viceprimer ministro chino Li Keqiang el cual fue recibido como Mr. Marshall, perdón, Mistel Malsal, habiendo sustituido la banda de música por una guitarra (así vamos ahorrando en músicos).
Este país nuestro no tiene arreglo. Sólo servimos para trabajar por cuenta ajena. Primero por cuenta de franceses, ingleses, alemanes, etc., luego de los americanos. A todos ellos les pedíamos que montasen fábricas en nuestro país y que nosotros trabajaríamos bien y con mano de obra barata. Ahora les pedimos a los chinos que nos den trabajo, que monten fábricas que nosotros ya trabajaremos bien y, aunque no queramos, tendrá que ser también con mano de obra barata.
¿De qué nos han servido todos estos años de desarrollo y bonanza económica, si no hemos sido capaces de tener empresas propias que nos permitiesen ser líderes en algo y no que tengamos que seguir pidiendo trabajo a otros?.
Está claro que se vive mejor sin preocupaciones. Es más cómodo el trabajar para otro que nos pague un salario cuanto más elevado mejor y vivir la vida, pero tiene el peligro que el patrón pueda cambiar de idea e irse a otro sitio donde tenga mejores condiciones, y entonces ¿de qué vivimos? Y eso es lo que nos está pasando ahora, por lo que tenemos que pedirles trabajo a quien sea, pero claro los que nos den trabajo impondrán sus condiciones, que, a buen seguro no serán las que teníamos hasta la fecha.
Como resultado de la citada reunión se citó que, aparte de garantizar que van a seguir comprando deuda española, se han firmado 16 acuerdos comerciales con empresas españolas en los sectores de energías limpias, control tráfico aéreo y exportación de aceite de oliva, vino y jamón ibérico.
Me parece de maravilla, pero ¿cuántos años creen que van a pasar hasta que los chinos puedan producir su propio vino y aceite?. Y ¿cuántos más desde que se lleven unos cerdos ibéricos y los logren adaptar a su clima y nos inunden de jamón (supongo le llamarán “chinérico”) a mitad de precio que el nuestro?. En su extenso territorio seguro se pueden encontrar ubicaciones propicias para obtener esas producciones.
No digo nada de lo del control aéreo ni de las energías limpias, pues me cuesta admitir que no puedan ser autónomos en estos temas y más cuando en Navarra hemos tenido una fábrica de paneles fotovoltaicos de chinos. Más bien creo que, como todo no lo pueden hacer de golpe, importarán lo que les vaya interesando y a medida que vayan creciendo, irán prescindiendo de las importaciones y pasarán a ser exportadores.
Así pues, desde mi punto de vista, el futuro de España no será el de ser innovadora, pues, dadas nuestras características y experiencia a través de nuestra historia, el lema “que invente ellos” lo tenemos tan arraigado en nuestros genes que nunca podremos competir (salvo casos contados) con alemanes, chinos, japoneses, americanos, coreanos…. y no sigo con la lista pues puede ser demasiado larga.
Uno de los problemas de España como país es que no somos líderes en nada (o casi nada, para que alguien no saque un caso concreto y me haga callar) y así sólo podemos ir funcionando como país asalariado que, al parecer, es lo que nos gusta por ser más cómodo.
Entonces ¿dónde veo nuestro futuro?, pues la pista la podemos sacar de la citada reunión con el dirigente chino… “para compensar el enorme desequilibrio comercial entre los dos países se confía más en el incremento del turismo: el Ministerio de Industria ha lanzado un plan para que los 90.000 turistas chinos que visitaron España en 2009 se conviertan en 300.000 en 2012 y en un millón en 2020. "¿Por qué no dos millones?", le espetó Li a una sorprendida Trinidad Jiménez”.
El turismo, no nos olvidemos, también va en los dos sentidos, chinos que vienen a España y españoles que vayan a China. Pero ahí sí que tenemos ventaja frente a ellos, pues China tiene casi 1.500 millones de habitantes, mientras que nosotros rondamos los 46 millones, por lo que por cada español que fuese a China podríamos traer 30 chinos a nuestro país. Por ahí creo que podrían venir algunas soluciones para nuestros problemas, pero de ello ya trataré en otro escrito, pues este se va haciendo demasiado largo.
Finalmente no quiero terminar este análisis sin hacer referencia a las emotivas palabras de Li Keqiang prometiendo apoyar a España "en las alegrías y las penas" y le faltó rematar con el “hasta que la muerte los separe”, con lo que el matrimonio entre China y España se habría formalizado (que no consumado).

1 comentario:

Manuel dijo...

Pero D. Javier ¡¡Si en este país la primera que no cree en el turismo es la administración!!

Espero con curiosidad su anunciada continuación sobre el tema.

Atentamente,

mmaynar@sepinum.com